- ¿Por qué los individuos no tienen en mente salir de casa de los padres a menos de que se casen o vayan a trabajar a otro estado? (E incluso, a pesar de trabajar en otro lugar, regresan a casa a dormir a su mismo cuarto)
- ¿Por qué los padres no “invitan” a sus hijos a dejar el hogar primigenio y buscan lo contrario?, que se quede en casa mediante discursos como: “Esta siempre será tu casa, Puedes quedarte en este territorio pero
Estas y otras formas discursivas son las que devoran al individuo y no le permiten ser un sujeto de la cultura*, generando en él una imposibilidad para decidir realizar el movimiento, la emancipación, la descolocación; en lugar de eso, encontramos una carga de resistencias expresadas así:
- Para qué gasto tanto en pagar un lugar, Mejor hasta que me vaya con alguien más, Hasta que compre mi casa, Ningún lugar me gusta, Hasta que tenga mi refri y mi lavadora y mi cama y…, Hasta que tenga un trabajo estable, Es muy difícil y me parece poco posible económicamente…
Y la mayor de las resistencias es la pregunta sobre el mismo movimiento: ¿por qué salirme de casa, qué tiene de malo quedarme donde estoy?
En primer lugar el problema mayor es preguntarse por qué hacerlo, en segundo lugar, vivir en casa de los padres (o abuela o tío o familiar) es mantenerse en el lugar del goce, vivir siempre recibiendo, en la comodidad absoluta como un bebé y es eso lo que precisamente impide madurar, lo que impide ser un hombre o una mujer en completud simbólica a pesar de tener 50 años. .
El texto aquí presente plantea elementos y procesos fundamentales que la familia y la sociedad pueden transmitir a las generaciones siguientes para permitirles vivir en libertad, pero cuando ni la familia ni la sociedad está preparada para proveer de dichos elementos ¿qué puede hacer el individuo ante sus propias resistencias?, ya que cuando el individuo se propone algo, inmediatamente le vendrá la idea de que es imposible hacerlo o alcanzarlo.
Las respuestas pueden ser muchas, muy elaboradas, intelectualizadas, respondidas por los conocedores del tema, pero ninguna será suficiente para que el individuo haga algo; por mi parte, como autor de este blog, además de compartir una fragmento de este texto para que los interesados lo conozcan, la otra propuesta posible que me queda plantear es un cuestionamiento a la realidad gozosa del individuo:
Si uno vive rodeado de la facilidad, del sentimiento de seguridad que implica estar en el núcleo familiar, uno nunca se verá enfrentado a conocer sus propias capacidades para aprehender una vida, ni se verá en la necesidad de desear algo porque sentirá que no le falta nada, y transitará atrapado en el “si yo hubiera…” lugar en donde nunca hay un acto, sino sólo intentos de actos prefigurados por el deseo de los otros.
No es fácil dejar al padre, a la madre o a la familia, ni es fácil poder dudar de ellos, pero es necesario, tampoco se trata de negarlos o borrarlos, se trata de colocarse a uno mismo en un lugar diferente para poder volver como mujer u hombre, y no seguir siendo hijo, nieto, sobrino... A pesar de muchas lecturas o muchos estudios hace falta elaboración, decisión, fé y trabajo para lograrlo. A veces hay que dudar de esos discursos familiares y costumbristas que nos mantienen pegados, y construir uno propio; aunque parece imposible, no lo es.




